El Nacional 69 Aniversario
"La falta de ayuda<br>al atleta arrincona<br>al deporte venezolano"
JOSÉ BERACASA | 10 DE ENERO DE 1980
"La falta de ayuda
al atleta arrincona
al deporte venezolano"


Por Salomón Escalona

Adinerado, pero sencillo, jerarca del deporte, pero accesible. José Beracasa ha hecho de la vida su escuela y de esta ha extraído las más provechosas lecciones para ser ante y con sus semejantes un hombre en quien sólo el bien tiene cabida.
Su fortuna, vista desde el ángulo económico, es de millones, nacida de las buenas iniciativas y del amor al trabajo. Sin embargo, la experiencia que dan los años lo hacen pertenecer al grupo de los convencidos de que en el mundo el dinero no lo es todo.
Para este venezolano su mayor patrimonio está representado en la convicción de que sus ejecutorias han sido limpias y divorciadas de todo ánimo malsano.
Su trayectoria por los caminos que le ha tocado transitar tiene abundantes testigos y como huellas pueden apreciarse el recto proceder y la inquietud por el progreso.
A lo largo de sus años ha hecho del deporte una imborrable e indetenible pasión y es a través de esta sagrada empresa que las actuaciones de José Beracasa lo definen como un amigo de la paz y enemigo de las polémicas.
La armonía entre los hombres constituye, a su juicio, la mejor forma de vida. Las polémicas, por su parte, las considera como verdaderas madres de lo dañino, del mal.
“La gente debe vivir en paz, porque sólo así cierra todas las puertas al odio, padre de la intranquilidad”, señala.
La transmisión de ese modo de pensar sucede a diario y experimenta la felicidad de saberse comprendido por quienes ven en él un consejero, o sencillamente, cuando nota que en el ambiente hay rostros sonrientes y corazones que no sufren.
Cuando tenía ocho años, junto con un amigo organizó en el corral de su casa una reunión que al terminar estaba deparaba la creación de un equipo de fútbol y las primeras responsabilidades dirigenciales de aquel emprendedor chiquillo de la calle Derecha, en Maracaibo.
“El amigo me propuso para la presidencia del club y los asistentes dieron el sí, de la misma manera que lo hicieron cuando yo propuse a mi amigo como secretario”, recuerda.
La directiva fue electa y el trabajo comenzó. Se necesitaba voluntad y el grupo la ostentaba, con lo cual estaba asegurado el pronto progreso de la infantil divisa.
“Aquel grupo de niños hizo del equipo una preocupación diaria y a base del esfuerzo fue levantado para satisfacción de todos nosotros, quienes a la salida de la escuela teníamos una cita con los entrenamientos y el juego. Era algo maravilloso y nadie tenía que esperar que se le recordara el compromiso de asistir a las prácticas por el futuro del club”.
A sus conocimientos del balompié, en el que se desempeñaba como defensa del Unión, agregó los de otros deportes. Se incorporó al tenis y luego al baloncesto, en el cual jugó desde 1928 con los equipos Los Alacranes Macabí, y fue campeón en 1935.
De su amor por el baloncesto es hija la federación de esa especialidad, fundada en 1935 y de la cual fue su primer presidente.
“Desde entonces todavía estoy a la espera de una cancha de madera que nos ofreció el Ministerio de Educación a los que para esa fecha integrábamos el directorio de la entidad federativa”.
Era una época en que el dirigente tenía que hacer de todo, y José Beracasa recuerda aquella promesa en son de chiste: “Porque fue a cambio de un viaje que teníamos proyectado hacer a Puerto Rico”.
Veinticinco años estuvo en esa federación, alternándose la presidencia con otros cargos directivos y donde el fruto de su trabajo le permitió llegar al Comité Olímpico Venezolano en 1936.
Para él, que sostiene que en el seno del COV no hay pugnas ni fricciones de ninguna naturaleza, el deporte ha progresado y tiende a seguir superándose.
Todo, según piensa, es cuestión de hacer las cosas como tienen que hacerse y no como el individuo quiera. Tratar de hacer lo contrario a esa realidad es, a su entender, luchar en falso y vivir de ilusiones.
“En este país no es que haga falta conciencia en materia deportiva, y si hay alguna señal de crisis es porque una parte de nuestros dirigentes quieren pasarse el tiempo peleándose. No es que ellos sean malos, no, porque son buenos todos, pero son muy dados a los pleitos. Y si faltan dirigentes es porque se cansan y se van, quizás porque no ven las facilidades que debe haber para con el deporte”.
“En cuanto al atleta, la falta de ayuda hacia él es tal vez el mal que arrincona al deporte venezolano. Nuestro atleta nunca ha sido atendido como se lo merece y eso me hace seguir pensando en la necesidad que aquí tenemos de poner a funcionar un gran centro de concentraciones permanente. Admito que tampoco ha habido una relación COV-atleta o atleta-COV, por cuanto la relación de este organismo ha sido con las federaciones, pero quizás obedezca a que el Comité Olímpico no dispone de recursos económicos para darle la protección que requiere nuestro atleta. Sin embargo, pese a esa ausencia de ayuda, el venezolano ha demostrado que le gusta el deporte. Yo me pongo a ver cómo hay jóvenes que trabajan a diario como repartidores y el domingo se aprecian, con toda dedicación, en una prueba ciclística. Y hay también el obrero que pasa todo el día parado en su sitio de trabajo y el fin de semana exhibe su amor por el deporte saliendo a correr. Eso es un claro ejemplo de que aquí el deporte gusta”

  Década de los 80
 
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